Somos seres gregarios y buscamos contacto ; y mediante ese contacto nos reconocemos a nosotros mismos, imitamos, rechazamos, aprendemos, sentimos y experimentamos nuestra individualidad, así como nuestra humanidad.

Nos conformamos y creamos en vínculo. Desde chicos, esos “otros” nos introducen este mundo humano, aprendemos a hablar, a expresarnos, a pedir, a dar amor. Pero dentro de nosotros a veces habita un anhelo profundo :el de fusionarnos en un vínculo, en un otro.

A veces para calmar un dolor, otras para escapar de nosotros mismos, otras para sentirnos pequeños y protegidos por otro.

 

La fusión, la simbiosis, o desde la Gestalt “la confluencia”, dónde se pierden los límites entre uno mismo y el medio, es un tema importante a revisar cuando predomina Neptuno en la carta natal, especialmente los aspectos Sol-Neptuno y Venus-Neptuno, así como también si hay mucha agua en el mapa natal. Ya que el agua es el elemento del sentimiento y presupone que “necesitamos” a los demás en un sentido LITERAL.

           Más info sobre los 4 elementos aquí    http://astrohumana.com/agua-tierra-fuego-aire/

 

Los 3 signos de agua expresan la necesidad de una fusión emocional como defensa contra la soledad.
Y ese “Otro” que se necesita se convierte en objeto de idealización, infundiéndole cualidades sobrehumanas.

Cayendo así en un hechizo placentero pisciano, que al romperse la persona se encuentra muy vulnerable , desvalida y hasta despotenciada.  La fusión también puede venir de otro signo de agua, escorpio, cuando cae en cuenta que el otro “no está” puede generar mucha  frustración, puede volverse vengativo o cerrarse en el enojo a modo defensivo, intentando protegerse de la sensación de humillación y aislamiento que le provoca la pérdida de la simbiosis.

Piscis lo llora, Escorpio se enoja. Pero son consecuencias de que se frustra la fantasía de disolución en otro.

 

Como expresó Erich Fromm ” La vivencia de la separatidad es la fuente de toda angustia.”
Al caer en la simbiosis de alguna manera se quiere volver al útero o al paraíso metafísico de la no forma- no discriminación- donde todas las necesidades están satisfechas y no hay individualidad ni desafíos que afrontar.

 

“La idealización neptuneana, la proyección de la imagen del redentor sobre el ser amado, no es intrínsecamente neurótica, pero desde luego no es nada realista, ya que ningún ser humano puede proporcionarnos la salvación divina”.  Liz Greene

 

Disolverse en el otro es el gran anhelo de volver a la fuente, de dejar la angustia de ser seres separados, es algo totalmente arcaico y es querer volver a un estado uterino de total protección.

El tema es que esto es una fantasía, no sólo no estamos protegidos sino que nos deja aún más vulnerables, dependientes de ese gran otro.  La búsqueda del autosostén manteniendo a su vez la apertura hacia los otros, es un proceso que lleva tiempo.

Vale la pena revisar nuestras necesidades afectivas o demandas hacia esa otra persona. Observar si hay algo inconcluso en la relación con nuestros padres, trabajar el entender el vacío y “tomar” de donde sí es oportuno.

 

El punto es encontrar una dinámica de contacto saludable. De ir hacia sin perderse a uno mismo y aún así tener la flexibilidad de transformarse a través del vínculo.

El vínculo es aprendizaje, transformación y resonancia en ese otro ser.   La vinculación madura implica hacernos cargo de nuestra propia vida, nuestros agujeros, nuestras acciones, nuestras proyecciones o idealizaciones. Y sin embargo conservar en cierto punto un grado de inocencia para que el vínculo nos toque, nos mute, nos transporte.

El otro es tan fuerte y débil como nosotros.  Es simplemente otro humano mirándose en otro ser humano.

Les regalo esta hermosa canción de Jorge Drexler:

Donde termina tu cuerpo y empieza el cielo 
No cabe ni un rayo de luz
¿Que fue que nos unió en un mismo vuelo?
¿Los mismos anhelos?
¿Tal vez la misma cruz?


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